Hace un tiempo decidimos que había llegado el momento de ser papás. Era nuestro momento y nos sentíamos preparados para ello. Nos hacía muchísima ilusión aumentar la familia y comenzar una nueva etapa en nuestra relación, así que nos pusimos manos a la obra.
Como dice el refrán, del dicho al hecho hay un trecho, pues en este caso ha sido cierto. Pensábamos que iba a ser más fácil, llegar y besar el santo, pero no fue así. Yo quizás cometí un fallo, decirlo. Las personas que lo sabían nos preguntaban, cada uno dando su opinión y dando consejos. Todos coincidían en algo, que no nos agobiaramos y que ya vendría, eso es muy fácil de decirlo, pero cuando te pasa a ti no es tan sencillo. Te llegas a preguntar si habrá algún problema, si no lo estaremos haciendo bien, en fin, todas esas cosas que hacen que no dejes de darle vueltas a la cabeza.
Últimamente, cuando me preguntaban les decía que el bebé quería llegar a la casa nueva, que si todo va bien la tendremos el año que viene. Y que en estos momentos tenía otras cosas en la cabeza, en septiembre volveremos a estudiar. Me había enfriado un poco con el tema, había "pasado" un poco de él. Pues ha sido en estos momentos cuando ha querido venir.
En estos momentos somos los más felices del mundo, por fin, vamos a ser papás. Todavía no me lo termino de creer. Incluso antes de saberlo con seguridad, ya notaba algo, me refiero a que me sentía rara, algo no era normal.
La mañana que nos enteramos, no se me olvidará en la vida, eran las siete de la mañana del 26 de julio, y nunca dos rayas significaron tanto. Yo pase la tarde anterior, mentalizándome que si daba negativo no pasaba nada, que todo seguiría igual. Tanto lo interioricé que cuando vi que era positivo no lo podía creer. Estábamos los dos sentados en la cama, con un sonrisa en la cara y sin decirnos nada, pensando ¿y ahora qué?
Pues ahora a trabajar, no quedaba más remedio. Los dos teníamos ganas de gritarlo, pero decidimos que esperaríamos a ir al médico para anunciarlo a la familia. Pero eso era demasiado, lo comenté con mis compañeras de trabajo, y me pase el día llorando.
Como he dicho antes, no termino de creerlo, no tengo ningún síntoma, me siento bien, aunque tengo mucho sueño. El médico me ha dicho que no me preocupe, que es normal. Lo que si he notado, es que el cuerpo te avisa cuando debes parar. En mi trabajo paso muchas horas de pie y tengo que coger muchas cajas, pues él me avisa de hasta donde puedo llegar. Mis compañeras me regañan cuando hago más de la cuenta, y tengo que agradecerles lo bien que se portan conmigo.
El otro día hablando con una amiga que acaba de ser mamá, me dijo que si me sentía bien, que disfrutara de cada día de los cambios que se producen en mi cuerpo y de todo lo que siento, que es lo más bonito que puede vivir una mujer, sobre todo en el momento de la primera ecografía cuando escuchas el corazón del bebé, eso no se puede describir. Y he decidido hacerle caso.
Mi pareja también está muy ilusionada, queremos disfrutar juntos de cada momento. Está muy pendiente de mi. Va a ser el mejor papá del mundo. Y yo espero ser la mejor mamá del mundo.
Me gustaría ir contando poco los cambios que se producen en mi cuerpo y las sensaciones que estoy viviendo, y me encantaría compartirlo con vosotros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario