El otro día me dieron a elegir de entre un montón de fotos de bebés, con cual me sentía más identificada. De entre todas, hay una que me llama la atención, un bebé tomando el pecho. Le digo al papá que me ayude a elegir y me dice que la que yo quiera, así que elijo esa. Luego resulta que él se había fijado en la misma y era la que quería que cogiese. ¿Por qué elijo esa foto?
Fácil, me siento muy orgullosa de la lactancia con mi bebé.Yo tenía claro que quería darle el pecho a Carmen, pero siempre hay gente que te desmotiva contando sus experiencias negativas, y luego el miedo que te meten en el cuerpo, sobre si estará comiendo lo suficiente, deberías de darle ayuda porque se queda con hambre...historias que hacen, que lo que debería ser algo natural y placentero, se convierta a veces en un camino cuesta arriba. Pese a todo, a día de hoy mi niña no ha tomado ni un biberón de leche y es una niña feliz y sana y yo me derrito cada vez que me sonríe con su teti en la boca. ¿Por qué os cuento esto? No sé, fue algo que me pareció curioso y quería compartir con vosotros
El viernes pasado tuvimos nuestra primera clase de masaje infantil. Primero de todo, presentación de mamás y bebés, somos tres bebés, tres mamás y un papá, y una futura mamá; y por supuesto, la profe. Me encanta hablar con otras familias, que me cuenten sus experiencias y sentir que lo que me pasa a mi es normal, que mis miedos son normales y tomar sus historias como consejos. Compartir experiencias nos hace aprender, nos hace más grandes.
Lo primero que tenemos que saber es el bebé quiere que le demos un masaje, es importante conocer lo que el bebé quiere, saber en que fase está para no alterarlo, si tiene ganas en estos momentos de que le demos un masaje. Miro a Carmen y veo que tiene ganas, está practicando su nueva habilidad: tirarse peitos con la boca, es toda una experta. Comenzamos la clase: hoy toca, piernas y pies. Desnudo a mi bebé, y sin perder el contacto con ella, este contacto durante todo el masaje es muy importante, seguimos los pasos que nos va indicando la profe. Usamos aceite de almendra para que las manos se deslicen mejor. En el momento que agarro la pierna de mi bebé se hace pipí, menos mal que tiene el empapador, (no es la única, jeje). El contacto visual con el bebé es muy importante, no debemos perderlo, así como estar atentos a posibles cambios de humor, que nos indique que al bebé no le gusta lo que le estamos haciendo. Ella disfruta durante toda la clase y yo más que ella, la veo contenta, feliz mirándonos a su padre y a mi. Se le ilumina la carita cuando nos ve a los dos juntos.
Lo que hay que tener claro, es que lo primero es el bebé y sus necesidades. Es una experiencia muy beneficiosa tanto para el papá o mamá (o persona que realiza el masaje) como para el bebé. Se crean y fortalecen vínculos, y se disfruta de ese momento especial, que hemos reservado y dedicado a nuestro bebé. Sin olvidarnos claro está de todos los beneficios que tiene el tacto nutritivo.
No sé que parte nos tocará esta semana, pero estoy deseando descubrirlo y seguir compartiendo con vosotros.

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